En términos simples
En qué se gasta, qué es costo fijo mensual, qué es proyecto puntual y cómo definir el monto según el riesgo de la empresa.
Es la primera pregunta de cualquier gerencia y la que más rodeos recibe. La respuesta honesta es que depende de qué se quiera proteger y de cuánto duela perderlo, pero esa frase por sí sola no sirve para armar un presupuesto. Lo que sí sirve es entender de qué está hecho el costo, porque una vez desarmado deja de ser una cifra opaca y pasa a ser una serie de decisiones separadas.
Hay algo que conviene decir de entrada: una parte importante de lo que más reduce el riesgo no cuesta dinero adicional. Activar el segundo factor en el correo que ya se paga, revocar los accesos de gente que ya no trabaja, definir que un cambio de cuenta bancaria se verifica por teléfono. Cuesta tiempo y decisión, no presupuesto. Empezar por ahí es lo que evita gastar mal.
De qué está hecho el costo
- Herramientas y licencias
- Antivirus avanzado, respaldo, gestión de accesos, filtrado de correo. Es la parte visible y la única que la mayoría cotiza. Se paga por usuario o por equipo, así que escala con la dotación y es bastante predecible.
- Dirección y seguimiento
- Alguien que decida prioridades, revise avance, responda cuestionarios de clientes y mantenga el plan vivo. Es un costo recurrente y es el que más se omite: se compran herramientas y no queda nadie a cargo de que sirvan para algo.
- Proyectos puntuales
- Un diagnóstico, una evaluación, la implementación de un control nuevo, una certificación. Tienen inicio y fin, y son los que se pueden ordenar en el tiempo para repartir el impacto en el flujo de caja.
- Horas internas
- El tiempo del encargado de TI, de contabilidad, de operaciones. No aparece en ninguna cotización y es habitualmente el componente más grande del costo real de cualquier proyecto de seguridad.
- El costo de no hacerlo
- Días sin operar, un cliente que exige un cuestionario que no se puede responder, una multa. Es el único que no se paga en cuotas: llega completo y en el peor momento.
Lo que no aparece en la cotización
Casi siempre hay tres costos escondidos. El primero son las horas internas: implementar un control significa que alguien de la empresa coordine, pruebe y le explique el cambio al resto. Si esas horas no se presupuestan, el proyecto compite con la operación diaria y pierde.
El segundo es la fricción. Un segundo factor bien implementado agrega segundos a cada inicio de sesión y un doble control de pagos agrega una firma. Es un costo real, se paga en molestia, y conviene reconocerlo en vez de fingir que la seguridad es gratis para quien la usa.
El tercero es la mantención. Una herramienta comprada y no configurada no protege. El precio de una licencia incluye implícitamente el costo de alguien que la revise, y esa parte rara vez está en la propuesta.
Cómo se define el monto sin adivinar
El error habitual es partir del catálogo: cotizar herramientas y sumar. Eso produce presupuestos que protegen bien aquello que el proveedor vende y dejan descubierto todo lo demás.
El camino que funciona es al revés. Se parte identificando qué detiene la operación y qué datos hay, se estima cuánto cuesta un día sin operar, y recién ahí se decide cuánto tiene sentido invertir para reducir esa probabilidad. Una empresa que aguanta dos días detenida sin mayor daño y otra que no puede parar ni medio día no deberían gastar lo mismo, aunque tengan la misma dotación.
Como orden de magnitud práctico: un diagnóstico para saber dónde se está cuesta bastante menos que cualquier herramienta anual, y es justamente lo que evita comprar la herramienta equivocada. Empezar por ahí sale más barato que empezar comprando.
El criterio que entrega la ley chilena
La Ley 21.719 no fija un monto ni una lista cerrada de controles obligatorios. Exige medidas proporcionales al riesgo, considerando el estado de la técnica, la naturaleza de los datos y los costos de implementación.
Eso, que suena vago, es en realidad un criterio de presupuesto bastante útil: la ley reconoce de forma explícita que el costo es un factor legítimo en la decisión. Lo que no acepta es no haber decidido. Una empresa que documentó por qué invirtió en unas cosas y postergó otras está en una posición defendible; una que nunca hizo el ejercicio, no.
El mismo criterio sirve frente a un cliente que audita. Un plan con montos y fechas resuelve mejor una brecha declarada que una respuesta genérica sobre buenas intenciones.
Dos presupuestos del mismo tamaño
Dos empresas de ochenta personas destinan lo mismo al año en seguridad.
La primera lo gasta completo en licencias: renueva el antivirus, agrega una herramienta de respaldo y otra de filtrado de correo. Nadie las termina de configurar ni revisa sus alertas. Doce meses después tiene tres herramientas y ninguna respuesta a la pregunta de qué tan expuesta está.
La segunda parte con un diagnóstico, descubre que su mayor exposición son los accesos remotos sin segundo factor y un respaldo que nunca se probó. Resuelve ambos con lo que ya tenía contratado, destina el grueso del presupuesto a dirección mensual y reserva una parte para un proyecto en el segundo semestre.
Mismo monto. La diferencia no estuvo en cuánto gastaron sino en qué orden decidieron.
Qué debe decidir la gerencia
El presupuesto de seguridad es una decisión de gerencia, no una cotización que se aprueba. Estas cuatro preguntas la ordenan.
- 1
¿Cuánto nos cuesta un día sin operar?
Es la cifra que ancla todo el resto. Sin ella, cualquier presupuesto de seguridad se discute como gasto y no como cobertura de un riesgo cuantificado. Y la responde el negocio, no el área técnica.
- 2
¿Qué parte es gasto fijo y qué parte es proyecto?
Separarlo permite comprometer lo recurrente en el presupuesto anual y calendarizar los proyectos según el flujo de caja, en vez de tratarlo todo como un desembolso único que siempre se termina postergando.
- 3
¿Presupuestamos las horas internas?
Si no se reservan de forma explícita, el proyecto depende de que alguien saque tiempo de donde no lo tiene. Es la causa más frecuente de que un plan aprobado no avance.
- 4
¿Qué decidimos no hacer este año, y quién lo firma?
Todo presupuesto deja cosas fuera. La diferencia entre postergar y descuidar es que lo primero queda registrado como riesgo aceptado, con nombre y fecha.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuánto debería gastar una empresa de mi tamaño?
- No hay un porcentaje que sirva de referencia honesta: dos empresas de la misma dotación pueden tener exposiciones muy distintas según qué datos manejan y cuánto les duele estar detenidas. El punto de partida útil no es un porcentaje sino la cifra de cuánto cuesta un día sin operar; a partir de ahí la conversación deja de ser sobre gasto y pasa a ser sobre cobertura.
- ¿Se puede empezar con poco presupuesto?
- Sí, y de hecho es lo recomendable. Los controles que más reducen riesgo —segundo factor, revocación de accesos, respaldo probado, verificación de pagos por otro canal— usan en su mayoría herramientas ya contratadas. Cuestan tiempo y decisión antes que dinero.
- ¿Conviene contratar una herramienta o un servicio?
- Una herramienta sin alguien que la administre suele terminar mal configurada y generando una falsa sensación de cobertura. Si hay que elegir con presupuesto acotado, tener a alguien que decida y haga seguimiento rinde más que sumar una licencia. Lo ideal es proporción entre ambas, no todo en una.
- ¿Un ciberseguro reemplaza la inversión en seguridad?
- No, y además las aseguradoras exigen controles mínimos tanto para emitir la póliza como para pagar el siniestro. En la práctica el seguro es una capa sobre una base que hay que tener igual, no un sustituto de esa base.
Cómo trabaja Brumaz este concepto
Brumaz publica sus precios, que es poco común en el rubro y es deliberado: permite presupuestar antes de conversar. El diagnóstico estratégico cuesta 2 UF + IVA y sirve justamente para ordenar esta decisión; la evaluación integral parte en 12,5 UF según alcance; y el servicio mensual está escalonado por dotación, desde 20 UF al mes.
Los tres se contratan por separado. Para quien todavía no sabe cuánto invertir, la recomendación honesta es partir por el diagnóstico y decidir con esa información en la mano.
Ver precios por servicioEste contenido es informativo y no constituye asesoría legal ni técnica personalizada.

Sobre el autor
Fundador, Brumaz
Ingeniero Civil en Telecomunicaciones (Universidad de Concepción)
Diplomado en Data Science (Universidad Adolfo Ibáñez)
Certificaciones en ciberseguridad y en soluciones Fortinet y WatchGuard
11 años de experiencia en telecomunicaciones, TI y ciberseguridad. Su trabajo combina esa base de infraestructura y redes con la dirección de riesgo: certificaciones de marca en seguridad perimetral y trabajo sobre los marcos ISO 27001 y NIST CSF, aplicados a la normativa chilena.